Dinamica de grupos numerosos.

Es bien sabido por todos que el ser humano se comporta de manera completamente diferente a la habitual cuando se encuentra dentro de grupos numerosos. Nuestro comportamiento se simplifica y perdemos la voluntad para tomar decisiones y acciones voluntariamente. En ocasiones nos convertimos, sin saberlo, en líderes improvisados de la marabunta, pero en la gran mayoría de los casos sencillamente nos vemos arrastrados hacia o con ella. Aun así, sea cual sea nuestra situación, hay un denominador común a todo lo que hacemos todos: lo absolutamente primitivo de nuestro comportamiento.

A las dos de la tarde y tras una breve introducción de la materia que se iba a impartir, se solicito una votación para decidir que lenguaje se iba a utilizar a la hora de llevar a cabo las clases magistrales: el autonómico o el castellano. Realmente esta cuestión no debía ser planteada, pues según el programa el lenguaje de la asignatura es el primero, existiendo otro grupo nocturno en el que se imparte exclusivamente en castellano. La causa de esta situación excepcional era la presencia de alumnos de intercambio, quienes, como se hace obvio, desconocían y no tenían porque saber el lenguaje autóctono (dándose por supuesto que todos compartían el castellano) habíendo sido integrados dentro de este grupo por razones ajenas a ellos.
El resultado de la votación fue favorable por mayoría absoluta a adoptar el castellano, de manera extraordinaria, como lenguaje en el que se impartirían las clases, tomándose como premisa para tal decisión la igualdad de oportunidades.
Sin embargo, el ambiente parecía cargado con cierto descontento a pesar del resultado. Así pues, la docente procedió a darle la palabra a quien quisiera comentar algo con respecto al tema.
Tras un breve silencio, tímidamente, pero con creciente confianza una compañera comento que esta decisión no era justa con respecto a las personas del turno de noche que estudiaban en castellano, añadiendo que esta clase debería de darse en valenciano, como estaba estipulado, pues de otra forma se vulnerarían los derechos de los que querían darlo en lengua autóctona.  Pero allí no acabo todo, una replica, contradiciendo eso y alegando razones humanitaria, de civismo y de compañerismo, devolvió las cosas a su estado inicial. Se sucedieron varios comentarios acalorados dando la razón a uno u otro bando. Entraron en juego diversos argumentos, desde paternalistas (tutelar y tutorizar a los Erasmus) hasta económico- funcionales y organizacionales (la oferta de clases está mal estructurada, la organización de los turnos es deficiente, falta de presupuesto para mas grupos, etc.). La situación se iba calentando, el tono y las expresiones empezaron a tornarse agresivos. Se insinuaron algunos insultos. Las acusaciones se empezaron a repetir. En ese momento un hombre de edad algo mayor que la media de la clase se levanto, y con voz irritada comento.
-Señores, por favor, que solo debatíamos una cuestión muy simple… -fue ignorado y tuvo que sentarse de nuevo con cierta expresión de rabia, estaba perdiendo los nervios. El tono y frecuencia aumentaba, hace tiempo que los turnos de palabra dejaron de mantenerse. Sin ser detectados, sonaron los primeros insultos.
En este momento yo también empecé a sentir que la sangre empezaba a hervir, me salvaba pensar que ninguna de las posturas era correcta. Pero el clima de crispación era contagioso. El caos invadía cada una de mis arterias: “oigan, he perdido el hilo de lo que están hablando, no sé de lo que hablan y que tiene que ver“, salió espontáneamente y como una forma de escapar a la creciente tensión.
Tras mirarme con un rostro que reflejaba una sorpresa esperada, la docente añadió: “espera, deja que se callen, ahora te lo explico, la clave son las emociones”.
La clase había estado, literalmente, al borde de una pelea, éramos algo más de 20 personas y solo habían pasado 30 minutos.
La única cuestión que se tenía que resolver, desde un planteamiento racional, era si ceder un derecho o no, exclusivamente en el contexto de esta clase y este turno.
 Obviamente, este tema, sacado de contexto, acarrea una serie de sentimientos implícitos. Cuando se expresan opiniones de manera libre (sin tener en cuenta una serie de parámetros lógicos) la carga de contenido es mayormente emocional. Las emociones poseen un elevado potencial activador, y por lo general se pueden resumir a respuestas orientadas a la defensa. Por su parte la defensa más efectiva es el ataque (algo que se puede observar en muchas especies animales). En el caso del ser humano, el ataque se cataliza mediante la violencia verbal (exhibición de fuerza), que de no ser contenida desemboca en violencia física.
El discurso racional es un avance muy reciente en el desarrollo del ser humano, propiciado fundamentalmente por la aparición del lenguaje matemático, y por tanto no está implícito en nuestra naturaleza biológica.  Manipularnos es sencillo, y prácticamente nadie puede escapar a la pérdida de capacidad de razonamiento que implica encontrarse en un grupo numeroso, ya que alguien mostrara emociones e iniciara la cadena que nos devolverá a nuestra esencia.
Esto explica porque muchas manifestaciones “pacificas” desembocan en violencia, aun teniendo en cuenta que la gran mayoría de las personas que se manifiestan no tenían intención de ejercerla. También explica porque los encuentros entre grupos de seguidores extremistas de equipos de futbol desembocan en violencia - los sentimientos de filiación, esto es pertenencia grupal, hacen que sencillamente se pongan en práctica elementos de defensa del grupo. Y por supuesto explica la violencia no reglada ejercida por cualquier tipo de militar en cualquier guerra, así como las conductas irracionales de auto sacrificio (este es un tema interesante, ya que aquí entran en juego muchas otras técnicas de manipulación destinadas a la deshumanización tanto del soldado como de su “enemigo”).
En resumen: la única forma de evitar caer en extremos es seguir en toda conversación una lógica de hechos, basada en parámetros de la situación que se plantea.
Para salir de una espiral de violencia, se puede recurrir a dos preguntas:
  1. ¿Cuál es el objetivo de la discusión?
  2. ¿Con que hechos contamos?
Y ceñirse a estos parámetros.

 

Metro vs. Tranvía

El metro se resume a esto:

En el tranvia no necesito hacer gifs.

 

El metro.

Bajo a trompicones la escalera, la señal acústica ya había sonado y las puertas se estaban cerrando, pero aun así en el último momento introdujo su cuerpo en la ranura cual una rata en un sumidero y entro a presión en el vagón facilitando su tejido adiposo esta labor. Los demás emitieron un sonido similar al que producen los asistentes a un partido de futbol cuando en el último minuto de juego se falla un tiro a portería, nuestro protagonista sonrió y se acomodo en el hueco que le dejaron dos señoras de cierta edad — había ganado 5 minutos, tiempo que tardaría el siguiente tren en entrar en la estación. Es posible que nada cambiase en su vida por ello, pero doy por hecho que el resto del dia no le saldría tan bien. El metro es más que un medio de transporte, siendo quizás el mejor para este cometido en ambientes urbanos extensos, también marca el ritmo de todo lo que hacemos. Nadie puede pasarse de la hora de cierra de las estaciones si desea dormir en su casa, y tampoco puede dejarse dormir, por que perder tu parada puede suponer deambular entre andenes encontrando aventuras no deseadas. Pero es precisamente entre los cambios de línea cuando el metro revela la hipocresía de nuestra naturaleza. Nos movemos como una masa uniforme, dejamos vacios sitios que son enseguida ocupados por otros y en masas compactas nos dirigimos en la misma dirección para, en la salida, disgregarnos relativamente e intentar buscar, formar y demostrar nuestra valía como individuo occidental único e irremplazable. Pero esto no es más que una ilusión generada a lo largo de varios siglos de industrialización. El Modelo de Administración Científica de Taylor consideraba al individuo una pieza, una partícula fundamental pero no irreemplazable dentro de un organismo complejo llamado sociedad. Esta ultima tenia la particularidad de crecer y consumir recursos — igual que cualquier organismo vivo. Taylor procuro hacer estos procesos más eficientes. Pero a diferencia de los demás organismos, el desarrollo del ser humano modifica tanto el entorno que lo puede destruir — esto lo asemeja más a un tumor. Por lo general los tumores en su desarrollo invaden y generan su propio sistema de irrigación. El metropolitano es el equivalente en las sociedades humanas.

Londres estaba cubierto por un denso smog, las fábricas crecían y cada vez consumían más carbón, los trabajadores entraban en densas columnas a las salas de las cuales a su vez partían infinitos convoyes cargados con hierro, hecho con sangre y fuego. En una ciudad cubierta por una eterna noche el día acababa cuando tocaba volver al cottage, llevar algo de comer a la numerosa prole e intentar imaginar un bosque diferente al de las chimeneas. Pero tras una breve siesta, corrias con los demás hacia la entrada de las entrañas de la ciudad al encuentro del ruido, el humo y la oscuridad del tren, que recorriendo largas arterias, te volvía a dejar a las puertas de tu cierta realidad y un futuro incierto.

Desde entonces, poco ha cambiado, nos hemos vuelto más limpios y más rápidos. Pero la sensación al entrar en el metro sigue siendo la misma: entramos en un sitio y salimos en otro para continuar con algo ya establecido, no nos orientamos, sencillamente nos han enseñado que aquí es donde nos tenemos que bajar. No hay nada en medio, el espacio y el tiempo dejan de existir durante el viaje.